Semana decisiva, ¡atentos ciudadanos!

Si los ciudadanos no están atentos, el dinero seguirá reinando y el poder se mantendrá concentrado en los mismos de siempre. No hay para qué nombrarlos.

Semana decisiva

Tal como lo advirtieron en una declaración pública 39 organizaciones y numerosas personalidades, la ciudadanía debiera estar especialmente alerta a lo que se vota esta semana en el Parlamento. Tan importante son las leyes que se están tramitando que los senadores sesionaron incluso el domingo. ¡Así de urgidos están!

Y no es para menos, es mucho lo que está en juego. De las dos leyes que están llegando a puerto –la de Partidos Políticos y la de Financiamiento de la Política– dependerá cómo se repartirá el poder en el futuro próximo y cómo será la relación entre dinero y política. Para decirlo claro y simple: estas leyes les están quitando poder a los actuales dirigentes políticos. Por lo tanto, si los ciudadanos no están atentos, el dinero seguirá reinando y el poder se mantendrá concentrado en los mismos de siempre. No hay para qué nombrarlos.

El resultado de las votaciones dejará en evidencia si los senadores entendieron o no la magnitud de la crisis que tiene su prestigio en el suelo. De la forma en que voten dependerá en gran medida la posibilidad de recuperar la confianza en la política y construir una democracia más sólida.

No se requiere ningún tipo de especialización o experiencia para vigilar las votaciones y comprobar si el resultado conviene a la mayoría o, más bien, sirve para mantener las cosas como están.

Veamos sólo cinco temas esenciales que están a punto de decidirse.

El financiamiento de la política no logró cerrarse la semana pasada porque no se llegó a acuerdo en un punto clave: cuáles serán las sanciones para el financiamiento irregular de la política, es decir, qué les pasará a las empresas y los parlamentarios que infrinjan la ley, a quienes sigan con las prácticas de Penta, SQM, Jovino Novoa o Jaime Orpis, por nombrar solo al dirigente ya condenado y al senador desaforado.

El proyecto original establecía penas de cárcel para estos actos de corrupción. Sin embargo, a medida que fueron pasando los meses, y tras mucho debate incomprensible ante un situación tan clara, la norma está a punto de debilitarse. La cárcel quedaría para los casos más graves, mientras los corruptos de poca monta solo serían castigados con multas. Lo cierto es que, si se trata de recuperar la confianza, lo que importa es la decencia de quienes ejercen el poder a nombre de la ciudadanía y no la magnitud de los dineros involucrados. Por lo demás, la experiencia demuestra que solo la cárcel frena a los corruptos –sean políticos o empresarios–, ya que las multas, por altas que sean, las pagan y siguen adelante. ¿Qué cree usted que conviene al país? Esto es lo que se juega en el Senado, ahora.

Algo similar ocurre con la pérdida del cargo para las autoridades electas que infrinjan la ley. El proyecto partió drástico, sin contemplaciones para quienes actúen de manera ilegal, pero aquí también la pena se fue dulcificando y sólo perderían su cargo aquellos involucrados en casos muy graves. Para el resto –aunque no cumplan la ley- sólo habrá sanciones blandas. ¿A quién cree usted que beneficia esta gradualidad? Esto lo que se está jugando en el Senado, ahora.

A diferencia de lo que pasa con los castigos, que se suavizaron a medida que avanzaba el debate legislativo, las exigencias para crear nuevos partidos se intensificaron. Durante la tramitación de la ley, se duplicó el número de afiliados requeridos y, para seguir existiendo como partido, aumentó de 3 a 5 por ciento de la votación mínima en la elección de diputados. Los expertos sostienen que la proliferación de partidos socava la democracia. Pero, considerando la crisis actual, cabe preguntarse si estas barreras fortalecen nuestra democracia o más bien restringen la competencia, favoreciendo a los partidos tradicionales. Esto también se juega en el Senado, esta semana.

No es fácil tragarse el financiamiento público de la política, siempre hay urgencias más apremiantes para gastar los recursos que son escasos. No obstante, ante el impúdico baile de millones que el país ha visto circular entre los grandes grupos económicos y los políticos, hasta los más reticentes entendieron que la democracia requiere de ese aporte. Sin embargo, cuesta entender que, mientras la gente acepta que los partidos reciban dineros de todos, los parlamentarios insistan en que el Servel no debe fiscalizar sus elecciones internas. Curioso, porque muchos militantes denuncian que al interior de los partidos –de todos– se inventan escandalosas martingalas para favorecer a unos y demoler a otros.

Si los partidos son de la esencia de la democracia, ¿no debieran regirse por reglas verdaderamente transparentes y democráticas? Hasta ahora el Servel supervisa todas las votaciones relevantes en que participan los chilenos, menos las internas de los partidos. Esta falta de control, ¿beneficiará al país o solo a las cúpulas dirigentes? Las atribuciones del Servel también se están jugando en el Senado, ahora.

Por último, no podía faltar una norma que protegiera al club de Tobi. La participación de las mujeres en política es paupérrima: 19 diputadas de 120, y 7 senadoras de 38. La experiencia internacional ha demostrado –y convencido incluso a las escépticas como yo– que sin cuotas de género no se avanza en este ámbito. Por eso, se estimó que una ley para el siglo XXI debía establecer que ninguna instancia partidaria podría integrarse con menos de un 40 por ciento de mujeres. La propuesta era más elegante y decía que ningún sexo podría superar el 60 por ciento. Así salió el proyecto de la Cámara de Diputados. ¡Oh, sorpresa!, en la tramitación de la comisión correspondiente del Senado, las mujeres volvieron a quedar fuera.

Bueno, para ser rigurosa, se pretende establecer la cuota del 40 por ciento para la candidatas en las distintas elecciones, pero nada en los órganos del partido donde se toman las decisiones. No hay que ser muy imaginativo para intuir que las mujeres irán en aquellos lugares donde la competencia sea ardua, si no imposible. Baste recordar a Carolina Tohá y Josefa Errázuriz en las municipales de 2012 o los esfuerzos de la senadora Lily Pérez en sus diversas campañas. La participación de las mujeres en la política chilena también se juega en el Senado, ahora.

Las próximas elecciones municipales, parlamentarias y presidenciales estarán marcadas por lo que ocurra esta semana. Si la ciudadanía no está atenta, es muy probable que estos asuntos se definan –una vez más– a favor de quienes hoy tienen el poder, de quienes crearon la crisis política que estamos viviendo, de quienes instalaron la desconfianza en el sentir de los chilenos. Es fundamental que cada uno sepa cómo votará el senador de su región para decidir si lo apoya o no en la próxima elección.

Link: http://goo.gl/HY9Oys

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