#LaMoneda: Un #gabinete para “las terminaciones”

El necesario recambio del equipo ministerial –si se quiere ser consistente y coherente con la nueva etapa anunciada por la Presidenta y su ministro– deberá estar signado por un elenco con competencias en el ámbito de la gestión política que busque apoyo y legitimidad para las reformas, ya que los directivos necesitan la colaboración de actores fuera de su autoridad para alcanzar sus objetivos.

necesidad de un nuevo gabinete

Hace unos días el ministro secretario general de la Presidencia afirmaba en Icare que la “obra gruesa del gobierno” estaba concluida. La Presidenta a su vez, en el último consejo de gabinete, pedía a sus ministros colocar el foco en la gestión y en la consolidación de las reformas.

Dicho giro táctico debe leerse como parte del plan de La Moneda para el segundo tiempo de actual mandato. Se desprende de lo anunciado que no se pasarán nuevas reformas, se instalarán certezas en relación con los cambios en curso y, se buscará recuperar la esquiva adhesión ciudadana. Con este mensaje –que marcaría el fin de la etapa reformista– se apuesta a enfrentar de mejor forma la batalla de las desconfianzas de cara al desafío del ciclo electoral.

El diagnóstico tuvo en cuenta a lo menos dos datos: por una parte la persistencia durante 11 meses consecutivos de una aprobación de la gestión presidencial por debajo del 30%, lo que constituye ya una tendencia y no hechos aislados y, por otra, la baja correlación de apoyo ciudadano a las reformas y a la gestión del gobierno.

Lo anterior, por cierto, a juzgar por la opinión pública encuestada. Los datos sobre desafección ciudadana unida a la crisis de confianza y legitimidad del sistema político y de la elite –política, empresarial y religiosa– y la constatación de una economía signada por el actual precio del cobre, parecen estar colocando límite a los sueños de Bachelet y a su proyecto gubernamental.

La insatisfacción con los resultados del gobierno y la constatación de la volatilidad del apoyo ciudadano –especialmente de los grupos medios y bajos– muestra que estos no parecen estar valorando adecuadamente los beneficios de los cambios operados. Lo que parece ocurrir es que calidad, eficiencia y eficacia de las políticas públicas no se juegan solo en la decisión de llevarla adelante, sino también se juegan en el horizonte temporal en el que se despliegan su implementación e impacto. En definitiva, resultados en la palabra que hunde o eleva a un gobierno.

Después de dos años parece quedar claro que no bastaba solo con la agenda de reformas. También se esperaban resultados a partir de dichos cambios. Es evidente que el espíritu transformador de la actual administración no puede seguir prescindiendo de la eficiencia gubernamental, ni de la ingeniería de detalles en la gestión de los problemas cotidianos.

Se precisa para esta fase más capacidad y eficiencia del gobierno respecto del cumplimiento de las aspiraciones de los ciudadanos, destacando el concepto de eficacia directiva de quienes ostentan una responsabilidad pública. Si para la levantar la obra gruesa se requirió de maquinaria pesada –retroexcavadora– y también de “albañiles”, la etapa que sigue, esto es, de las “terminaciones” o “detalles”, requerirá de perfiles y competencias distintas a las de los actuales maestros que se abocaron a levantar la “obra gruesa”.

El necesario recambio del equipo ministerial –si se quiere ser consistente y coherente con la nueva etapa anunciada por la Presidenta y su ministro– deberá estar signado por un elenco con competencias en el ámbito de la gestión política que busque apoyo y legitimidad para las reformas, ya que los directivos necesitan la colaboración de actores fuera de su autoridad para alcanzar sus objetivos. Pero, también, se requerirá de autoridades con capacidades probadas en términos de eficacia gubernamental, capaces de razonar combinando el juicio técnico con el juicio político. Problemas como los vinculados a la asignación de la gratuidad o del AFI, o la baja ejecución presupuestaria en Salud, tienen que ver precisamente con los “detalles” que quedaron mal.

Pero también se requiere un ajuste en las instancias intermedias –jefaturas, coordinadores y jefes de programas y proyectos– de la actual estructura de gubernamental. Se observa en este estamento una preocupante fatiga de la tecnoburocracia de la NM y el dominio de un sistema de baja responsabilidad. No hay cobranza de cuentas por desempeño. Por consiguiente, da lo mismo hacer las cosas bien que hacerlas mal. Se requiere, entonces, contar con equipos con mayor compromiso político y especialmente con capacidad tecnopolítica para procesar adecuadamente los problemas públicos.

Los problemas de la etapa que viene no se resolverán con leyes o con más recursos, se solucionaran con gestión, con capacidad de gobierno. Este es el desafío del elenco que debiera asumir esta nueva etapa de gestión gubernamental si lo que se quiere es cumplir con el mandato presidencial de terminar los detalles de la llamada “obra gruesa”.

Link: http://goo.gl/uqGp17

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