#Chiloé: el fin del sueño salmonero

Sea cual sea la incidencia del factor de los salmones en la contaminación de las aguas en torno a la isla, la percepción de sus habitantes es que la industria extractiva en la zona ya no trajo todo lo que prometió hace más de 30 años. “Fue un misil que atravesó Chiloé, desintegró a la comunidad, a la sociedad, entregó sueldos que eran muy básicos. El tremendo desarrollo esperado tampoco se logró. Ahora tenemos consecuencias: problemas ambientales, desintegración social”, señala Dante Montiel, secretario del municipio de Castro.

Chiloé está privao

Pasadas las 8 de la noche del lunes 9 de mayo, Hannover Villarroel se encarga de abrir la cuerda de lancha que corta la calle San Martín y abre la entrada a cientos de personas que vienen con pancartas a encontrarse en la Punta de Diamante, en Castro, uno de los puntos centrales de las movilizaciones en la ciudad de la isla, que ha ido sumando apoyo no solo en la zona sino también a nivel nacional.

A esa hora, Hannover, recolector de orilla de productos como almejas, algas o luche, cumplía su turno de cuatro horas diarias para regular los cortes del camino del sindicato de pescadores artesanales al que pertenece. “Viene ene gente, mire”, asegura, mientras pasa la procesión, que demora más de cinco minutos en desplegarse completa y que pacíficamente exhibe su descontento.

“¡Chilote, chilote, chilote, ¿dónde está? Chilote está en la calle pidiendo dignidad!”, se escucha de fondo, al tiempo que el hombre de 57 años comenta que “acá estamos de brazos cruzados, por eso las protestas. Hay sindicatos de pescadores, feriantes, de todo. Todos nos apoyan”.

Su casa, que es un palafito que se ve desde el lugar –que mantiene permanentemente fogatas y parlantes donde se transmite la señal de la Radio Nahuel (emblemática de la movilización), así como anuncios y discursos de diversos dirigentes y miembros de la comunidad que van relatando en qué van las propuestas y negociaciones–, lo alberga a él y su esposa. Y si bien en Castro no hay marea roja, como en las comunas de Ancud, Chonchi, Quemchi y Quellón, la gente también se ve afectada, ya que la mayoría de los pescadores artesanales, aunque viven en la comuna de Dalcahue, colindante con Castro, trabajan en el mar en las zonas con problemas.

Además, como una suerte de efecto dominó, hay muchos trabajadores que, aunque no pescan directamente, forman parte de la cadena, como vendedores o transportando los productos.

Pero ese no es el único motivo que ha mantenido una movilización generalizada en la isla, que no tiene fecha de término prevista, pese al desabastecimiento que poco a poco se ha ido sintiendo en la ausencia de ciertas verduras o escasez de pan.

Porque, si bien los chilotes son de armas tomar y han protagonizado otras manifestaciones –como la generada en Quellón en 2013 por problemas en el hospital– los lugareños no recuerdan un movimiento tan masivo como este, que hoy involucra a cada uno de los habitantes, y no solo a los afectados directamente con la marea roja más agresiva de la que se tenga memoria.

El anuncio del Gobierno de entregar unilateralmente un bono a los afectados, sin tomar en cuenta que ni siquiera hay acuerdo sobre quiénes serían los beneficiados, no ayudó.

Y es que, pese a que los dirigentes han presentado tres petitorios distintos, marcados por las necesidades de cada zona, divididas en Quellón, Ancud y Castro, sin lograr consensuar un documento único, e incluso sin contactarse unos con otros, tanto ellos como los habitantes de la isla apuntan a que el desastre medioambiental que hoy los afecta está marcado por la industria salmonera.

“El chilote despertó, se dio cuenta del daño. No es marea roja. Es daño ambiental de las salmoneras”, asegura Miguel Pillampel, locutor de Radio Nahuel.

Para el Presidente del Sindicato de Trabajadores de Feria libre y representante de la mesa provincial de Chiloé, Tito Barría –que presentó uno de los tres petitorios–, “empezaron a negociar dos comunas supuestamente más afectadas por la marea roja: Quellón y Ancud. Pero la gente de Castro se dio cuenta y un número mayoritario se unió al movimiento, y levantaron la voz porque no estaban siendo contemplados en la zona de la catástrofe”.

Barría señala que “cada sector defiende sus posiciones, es un tema territorial. Pero el movimiento que se generó en Castro comenzó con el apoyo incondicional a la gente de mar. El principal problema es la marea roja, pero el movimiento creció tanto que empezamos a analizar propuestas de las comunas y faltaba un punto fundamental, que es la contaminación ambiental: la destrucción ambiental que generó la industria salmonera y que se arrastra desde hace 15 años”.

Según información de SalmonChile, la última semana de abril, sumaban 30 centros operativos en Chiloé, que entregan 25 mil empleos directos. Empleos que este año han ido a la baja como consecuencia de la mortalidad de los peces y que tiene a los habitantes en ascuas con respecto a su futuro laboral. Cesantes y empleados también se han sumado a las movilizaciones, y aunque reconocen problemas ambientales, como en el caso de Laura, de 26 años, que trabaja en una planta de proceso, apuntan sus dardos al Estado. “Es responsabilidad del gobierno por falta de fiscalización”, dice.

Tito Barría explica que “pedimos al Gobierno que se haga un estudio veraz y certero de un equipo que se instale en Chiloé y muestre la verdadera dimensión de lo que causó el vertimiento de salmón al mar. Que diga la verdad. No han dado luces de dónde, cómo ni quién vertió salmones. Se han pedido rutas de barcos, los zarpes de barcos para llevar a la luz pública qué paso, y nada”.

La declaración del Colegio de Biólogos Marinos, que aseveró que el problema es causado por el fenómeno de El Niño, agudizado por el calentamiento global, descartando un fenómeno de origen local, no hizo mella en la opinión del mundo chilote. Congregados en torno a fogatas, velatones y cortes de ruta, el murmullo general no da tregua a las responsabilidades que –aseguran– tiene la industria y el vertimiento de 9 mil toneladas de salmones muertos al mar.

De hecho, un punto en común en los petitorios que se han presentado al Gobierno, que traspasa los montos y condiciones de bonos y ayudas laborales, es la situación ambiental y la necesidad de investigar las causas que han provocado la varazón de machas y la mortalidad de especies que, según los pescadores, no se produce por la marea roja.

Los chilotes tienen dudas con todo: la cantidad de toneladas de salmón vertidas al mar, si efectivamente se realizó en la distancia señalada, si se fiscalizó correctamente. Y, sobre todo, la responsabilidad que les atañe a los salmoneros en la crisis.

Para el biólogo marino y doctor en biología, Alejandro Buschmann, no es posible descartar sin estudios serios la eventual responsabilidad de la industria salmonera. “Yo no diría que el Gobierno ni el mundo científico lo tienen completamente descartado. El gobierno ha estado diciendo que se creará un comité y se tendrá un estudio independiente para intentar determinar si hay causa-efecto de los salmones”.

“En todo caso, aquí estamos frente a un problema multifactorial, que no responde solo a una condición. Tiene el fenómeno de El Niño detrás, con aguas con condiciones de temperaturas bastante altas para la zona, lo que propicia el crecimiento, tenemos condiciones de sol muy positivas para el crecimiento de algas en esta época, tenemos distintas fuentes de nitrógeno que han ido aumentando en el tiempo en el mar exterior, tal como las cargas de nitrógeno y fósforo en los ríos, los centros urbanos que no tienen apropiado tratamiento de las aguas y la acuicultura, que también tira nitrógeno al mar, y que sale por Chacao hacia afuera como uno más de los ríos que están aportando nitrógeno al mar”.

Según el director del centro I-Mar de la Universidad de Los Lagos, “hay múltiples estresores que están actuando. Cuál es la importancia de uno mayor que de otro, no lo conocemos. Claramente estamos frente a una situación que amerita disponer del instrumental y capacidades humanas para poder trabajar con estos fenómenos”.

Para Buschmann la falta de estudios concretos y de largo plazo al respecto, es un factor que influye en la percepción de la gente. “Cuando no se tiene información, se permite especular libremente y elucubrar cosas. Cuando uno tiene información lo más objetiva posible permite tomar decisiones mucho más basadas en hechos que en percepciones. Las percepciones pueden ser complejas a veces. Se pueden cometer errores graves”.

El científico es claro: “El nivel de inversión que tiene el Estado para seguir el tema es bajo. Y no solo el Estado. Podría haber instituciones de privados, como el Instituto Tecnológico del Salmón (Intesal), que no ha pasado de ser un ente tramitador y con ciertas capacidades de oficina. No hay capacidad instalada suficiente. Hay unos cuantos investigadores de buen nombre, pero repartidos en distintas instituciones, sin coordinarse, compitiendo por los mismos fondos, que son insuficientes para abordar estas materia como corresponde. Claramente tenemos una deficiencia. Si uno mira el último estudio, que ya es un poco viejo, que decía que la Academia Chilena de Ciencias identificaba a 50 científicos en acuicultura… es un número que no se corresponde con ser el primer o segundo país en occidente más importante en acuicultura del mundo. De qué estamos hablando”.

Quellón, Ancud y Castro

Según relata el presidente del Sindicato Número Uno del muelle de Quellón, Marco Antonio Salas, “en Quellón iniciamos este movimiento en la calle una vez más, para reclamar contra la contaminación y contra lo que es la marea roja que nos están trayendo los barcos grandes que traen peces vivos de la XI Región y agua que viene con alexandrium catenella (que produce la marea roja)”, que nos arrojan en la bahía aquí a nosotros. Venimos pataleando hace 14 años”, enfatiza.

El director nacional de la Confederación Nacional de Pescadores Artesanales de Chile (Conapach), explica que si bien hay tres petitorios distintos, “con Ancud es bastante parecido, y estamos bastante coordinados con ellos, así como con Carelmapu, Maullín y Calbuco. Todos hablamos el mismo idioma. Nuestros petitorios se asemejan en 90%”.

Salas detalla que el primer petitorio que presentó Quellón, que luego se amplió, incluía el tema de los barcos que –aseguran– han venido contaminando sus aguas.

El escenario de algas nocivas que “entró asfixiando a los salmones vino después y ahí está la incertidumbre ahora, porque hay una masa de grasa alrededor de todo Chiloé que está saliendo y se está diciendo que son los residuos y restos de los salmoneros. Todo el mundo dice que, mientras no haya prueba científica de eso, no se puede achacar responsabilidades… pero hay gente que ha visto que están saliendo residuos de peces a la orilla, harta grasa que es anómala. Entonces nos queda la duda”.

El dirigente detalla que “es prioritario para Quellón encontrar alternativas de trabajo en vista de la situación”.

El pescador reconoce que con la movilización, que empezó con algunos puntos que se han ido ampliando y diversificando, “muchas organizaciones postergadas quieren decirle algo al Gobierno. No estamos en contra de que las organizaciones se levanten, pero que nos respeten la postura. Estamos de acuerdo en que podemos canalizar todas las peticiones para que se haga un plan de trabajo con las autoridades en el mediano y largo plazo. Que de una vez por todas se escuche a la región, Chiloé. Algo que no están haciendo los diputados o Sernapesca, los que tienen que hacer la pega”.

El terremoto del salmón

Dante Montiel, el secretario municipal de Castro, afirma que “Chiloé siempre ha sido una fuerte provincia expoliada, durante generaciones. Marcada por la migración de trabajadores a la Patagonia porque no había fábricas a principios del siglo XX. El Gobierno lo postergó dejándolo como lugar de exportación de mano de obra”.

La llegada de las salmoneras que se inició a principios de los 80 fue clave. En su opinión, las sospechas en torno a la industria están marcadas por la forma en que se insertó en la comunidad.

“Fue un misil que atravesó Chiloé, desintegró a la comunidad, a la sociedad, entregó sueldos que eran muy básicos. El tremendo desarrollo esperado tampoco se logró. Ahora tenemos consecuencias: problemas ambientales, desintegración social. Antes se llevaba una vida comunitaria. No existió una especie de amalgama entre tradición cultural y progreso”, puntualiza.

Montiel agrega que “también hay gran responsabilidad de los chilotes, porque faltó que ellos mismos entendieran y participaran, pero trataron de minimizar lo que ocurría, fueron cooptados por el boom económico, abandonaron el campo, dejaron una tradición importante como el mundo campesino rural, y se fueron a meter a las salmoneras con todo lo que implica ser un hombre asalariado”.

Asimismo, el historiador reflexiona y asegura que “lo que exige la comunidad son aspiraciones justas y legítimas. Pero veo desidia absoluta del Gobierno, repitiendo lo que ocurría a principios del siglo XX. No entienden lo que ocurre en regiones, hay visión centralizada, los parlamentarios tampoco están a la altura de lo que implica todo esto, sentados en un trono dorado y mirando de afuera la situación. Hay una falta de compromiso absoluto. Es preocupante. Estamos en una escalada muy complicada si no existen soluciones a la brevedad: es la punta del iceberg de lo que puede ocurrir en otras regiones”.

El martes, mientras continuaban las movilizaciones, se realizaba una sesión especial en la Cámara de Diputados a raíz de los efectos de la marea roja en los pescadores de la isla Grande y las consecuencias sociales en la Región de Los Lagos. Pero el encuentro contó con una presencia mínima: tan solo asistieron 24 de los 120 diputados, lo que obligó a suspender la sesión.

Los chilotes rechazan la excesiva centralización. En las calles la gente habla de cómo su isla depende de Puerto Montt y este, a su vez, de Santiago.

Gladys, dueña de casa y nacida y criada en la zona, sintetiza lo que varios comentan: “Una forma de solucionar los problemas que enfrentamos en la isla se lograría con un plan de descentralización, que sea independiente del gobierno de turno”.

Más allá de la coyuntura actual, uno de los motivos que explica el levantamiento generalizado en la isla, que se ha manifestado pacíficamente y donde participan los chilotes en familia, es la percepción de que han sido postergados por mucho tiempo.

Una encuesta que realizó la ONG Centro de Estudios Sociales de Chiloé (CESCH), entre diciembre de 2014 y abril de 2015, reveló que la necesidad más urgente a cubrir en el archipiélago es la construcción de un hospital de alta complejidad con especialistas, según el 64%.

Chiloé ha vivido varias movilizaciones por temas de salud. La más importante en mayo de 2013, cuando en Quellón surgieron masivas protestas tras la muerte de una paciente por negligencia. Pero los chilotes sienten que no ha habido mejoras sustanciales.

Alberto Rain, que se dedica a construir lápidas y que también participa de las tomas, asegura que “acá hay un gran abandono. Mi sobrina Daniela tenía 22 años y tuvo una embolia en la isla Acui. No hubo ayuda para ir a buscarla”. Reconoce que nada garantizaba que se hubiera salvado, pero la falta de especialistas ni siquiera le dio la opción.

La misma encuesta arroja que 88,4% considera que los servicios de urgencia en Chiloé están colapsados y 89,6% que las interconsultas o derivaciones a especialistas son excesivas. Aún no hay soluciones.

Mientras tanto, los chilotes continúan movilizados.

Link: http://goo.gl/SVf1Fy

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