Regionalización en Chile y la promesa incumplida de la descentralización

Según el sociólogo en la práctica no existen las comunas y regiones, más bien lo que el país posee son provincias, intercomunas y macrozonas (Norte Grande, Norte Chico, valle central, cercano costero, centro, sur mapuche, sur y sur austral), verdaderos países que hay que federar.

La Presidenta Michelle Bachelet firmó el proyecto de ley que crea la décimosexta región de Ñuble, que contempla tres provincias: Del Valle, Itata, del Diguillín y de Punilla y 21 comunas, con el fin, según la mandataría, de contribuir a una mayor descentralización. Por su parte, hace tres semanas el Comité Ñuble Región presentó ante el Senado cuatro enmiendas, tres de ellas de contenido territorial y cambiar el nombre a Región del Ñuble, aludiendo al río principal de la zona. La iniciativa que se suma a las regiones de Los Ríos y de Arica y Parinacota, según académicos, no resuelve el problema tan demandado por habitantes de provincias sobre el centralismo.

La regionalización en Chile no tiene relación con la descentralización, fue más bien diseñada para facilitar la administración y seguridad nacional, por tanto, las regiones han sido creadas con escasas atribuciones políticas, administrativas y fiscales. Las nuevas regiones creadas desde 2007 fueron configuradas, a diferencia del resto, con un supuesto apego a las condiciones sociales y culturales.

Sin embargo, “eso generó bastantes expectativas incumplidas. Al hablar con gente de Los Ríos y Arica, la fantasía era que muchas decisiones se iban a tomar en la región, por tanto, iban a poder tomar decisiones sobre su inversión y sus prioridades ciudadanas. En la práctica, el sistema político-administrativo nacional no está diseñado de esa manera entonces por más regiones nuevas que tengamos las decisiones se siguen tomando en el centro político nacional”, comenta Claudia Zúñiga, académica del Departamento de Psicología.

El académico del Departamento de Sociología, Manuel Canales, señala que no debiera pensarse en una subdivisión del territorio, pues “esa mirada ya es centralista. Hay múltiples territorios constituyentes que hay que relacionar entre sí. En ese sentido, defiendo la perspectiva federal. Federar múltiples territorios existentes, no pensar que hay uno solo y tiene que dividirse en partes grandes o pequeñas”.

Elecciones democráticas en regiones

Según Claudia Zúñiga se vuelve necesario dotar de una autonomía real a las regiones, cuyos habitantes debieran elegir a sus propios intendentes, ya que las atribuciones políticas y administrativas son muy pocas. La mayor parte de las decisiones de inversión están centralizadas, de modo que manteniendo el sistema actual de regionalización no cambiará la falta de equidad en la distribución de recursos en nuestro país.

“Para eso, se necesitarían regiones más empoderadas, intendentes más empoderados que puedan velar por una mejor distribución de poder y de recursos en sus territorios, lo cual es imposible si el intendente reporta directamente al Presidente de la República”, argumenta.

Las voces más críticas el regionalismo lo califican como un delirio centralista y que, en la práctica, no existe ninguna región en el país. Donde verdaderamente se producen los encuentros culturales y económicos son en las provincias. “Los territorios reales nunca fueron las regiones. Los territorios reales son las provincias, seguido de las provincias se destacan las intercomunas, las comarcas de Chile. Es en ellas donde se aprecian movimientos diarios a sus distintos puntos de destino”, afirma Canales.

Según el sociólogo en la práctica no existen las comunas y regiones, más bien lo que el país posee son provincias, intercomunas y macrozonas (Norte Grande, Norte Chico, valle central, cercano costero, centro, sur mapuche, sur y sur austral), verdaderos países que hay que federar. Bajo esta mirada, el intendente no representa a ningún pueblo, por lo que la ciudadanía debiera elegir democráticamente a los gobernadores quienes dirigen las provincias.

Los territorios tienen que conformarse de acuerdo a las características socio-culturales propias, que trascienden los elementos identitarios. Una de ellas es el flujo o trayecto constante que los habitantes realizan del hogar a su lugar trabajo, lo que define si existe evidentemente o no un lugar poblado y eso se produce en las intercomunas y provincias.

El futuro de la regionalización

Ante la discusión sobre la aprobación de la región de Ñuble (XVI), y recordando lo que ha sucedido en las otras regiones, los ciudadanos se identifican fuertemente con sus regiones. Desde 2007, según la psicóloga, cuando se crearon las regiones de Arica y Los Ríos los niveles de identificación eran altos pero no más altos que en Magallanes, por ejemplo, una región que está construida desde 1973.

En el marco de este proceso, se suele hablar de “identidad regional” y/o “identidad de la región”, entendiendo identidad regional como aquella parte del autoconcepto de una persona que se basa en la pertenencia a su grupo regional. En cambio, la “identidad de la región” es un elemento más vinculado al marketing, sirve de sello, marca o denominación de origen en distintos productos de servicios y que pueden ser muy importantes para la producción “pero que no tiene que ver con una identificación de las personas, sino que se relaciona a la imagen o percepción de personas de otras regiones”, aclara Zúñiga.

Para exportar productos, resulta muy útil poseer una imagen de la región definida con ciertos productos y métodos de producción propios. Constituye un valor y puede beneficiar a un grupo minoritario de ciudadanos de esas regiones, especialmente quienes se dedican al emprendimiento.

Sin embargo, recalca que con una mayor división político-administrativa solo se aumentan los costos, de modo que la única solución que avizora en materia de descentralización es impulsar la elección directa de los intendentes, promesa recurrente en los últimos discursos presidenciales. Esto, considerando que la mayor inequidad territorial se vive entre la Región Metropolitana y el resto de las regiones, y es que gran parte de los recursos provenientes fuera de la capital no se quedan en las propias regiones.

“Quienes viven en zonas extremas del país carecen de servicios de salud y oferta laboral, cuyos salarios son más bajos. Si bien tienen una mejor calidad de vida, pasando más tiempo en familia, con mejores niveles de seguridad las personas requieren, evidentemente, acceso a servicios básicos de calidad”, comenta Zúñiga.

Una de las creencias asociadas a la descentralización es que disminuiría la unidad nacional, lo que es desmentido por la académica ya que en Chile –a diferencia de lo que sucede en Cataluña, Escocia e Irlanda donde hay habitantes que se identifican más con su territorio que con el país por lo que aspiran a ser independientes– quien más se identifica con su región es al mismo tiempo quién más se identifica con el país. “Tu identificación con el país se vive a través de la pertenencia con tu región”, afirma Zúñiga.

Link: https://goo.gl/0qa49l

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